Silueta
Abre una puerta que da a lo más oscuro de su ser. La empuja con firmeza, como si ella pudiera escaparse o quisiera hacerlo. Cuando su endeble figura se adentra en la apagada habitación, la mira a los ojos como hablándole, o como callándose todo.
Cierra despacio, y cuando se cuelan un par de haces de luz puede verse en tinieblas un montón de sombras que avanzan con curiosidad. Se preguntan, seguramente, si les toca bailar al menos por unos segundos.
Pero la puerta azota su marco con furia, y él vuelve una espalda sin límites a lo que en otras épocas era un umbral de trofeos.
Ahora no hay premios en esa lúgubre estancia. Ellas son un número raro que él dejó de contar hace tiempo. Cuando el ego mordio tierra y las cicatrices mostraron una cara casi vulgar... casi real.
A medida que avanza por el pasillo, se jura no volver a transitar por estos recuerdos. Es una promesa que siempre retorna, cada vez que se rompe y él encierra una nueva sombra en su paraíso de desconocidos.
Siente en sus labios la soledad del beso que aún no se ha sentido.
Cierra despacio, y cuando se cuelan un par de haces de luz puede verse en tinieblas un montón de sombras que avanzan con curiosidad. Se preguntan, seguramente, si les toca bailar al menos por unos segundos.
Pero la puerta azota su marco con furia, y él vuelve una espalda sin límites a lo que en otras épocas era un umbral de trofeos.
Ahora no hay premios en esa lúgubre estancia. Ellas son un número raro que él dejó de contar hace tiempo. Cuando el ego mordio tierra y las cicatrices mostraron una cara casi vulgar... casi real.
A medida que avanza por el pasillo, se jura no volver a transitar por estos recuerdos. Es una promesa que siempre retorna, cada vez que se rompe y él encierra una nueva sombra en su paraíso de desconocidos.
Siente en sus labios la soledad del beso que aún no se ha sentido.
