Per Fec Ta

Marcel esperaba a la mujer perfecta.
Todas las noches cerraba los ojos soñándola con mil caras, disfrutándola de mil formas. Cuando salía a la calle, la buscaba en los lugares más recónditos, sabía con seguridad que las mujeres perfectas no esperan en las esquinas, y otros lugares comunes.
Ejercitaba sus frases más célebres delante del espejo, y hasta hizo un curso de masajes para mimarla cuando apareciera. Aprendió de flores, de música y de baile. Tenía una lista de posibles confiterías donde comprarle bombones, se afeitaba a diario.
Una tarde, trotando en la plaza, creyo reconocerla entre la gente.
Se acercó con la convicción del que no ha perdido la esperanza, se arrodilló ante ella y le mostró, tras una gala de respeto, el anillo de compromiso que tenía guardado desde siempre.
Ella le preguntó si él era el hombre perfecto que siempre había esperado.
No hubo bombones, ni flores, ni música ni anillos que le dieran el permiso a Marcel de contestar que si.
Se casó con una vecina, con la que aún vive.
Por las tardes, Marcel mira la ventana, y cuando ve alguna mujer perfecta pasar, le tira una flor y se esconde tras de la cortina.
- AtroZ|Sh!

1 Comments:
Esta lindo; quizá el final no me cerro demasiado, pero la idea es genial.-
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Anónimo, at 21 septiembre, 2006 11:23
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